La IA frente al espejismo de una sociedad estándar: una gran oportunidad para la inclusión
Fabiola Pérez, MIOTI
En España habitan cuatro millones de personas con algún tipo de discapacidad, diez millones de nacidos en el extranjero y nueve millones de mayores de 65 años. Si sumamos estos colectivos, que a menudo conocemos como “minoritarios”, vemos que la realidad es mucho más amplia. No hablamos de excepciones, sino de una parte muy significativa de la sociedad.
Durante décadas hemos construido los sistemas para “la mayoría” y después, una vez desarrollados, hemos intentado incluir a aquellos que se quedaban fuera de este término. Diseñamos escuelas, empresas, administraciones públicas o incluso tecnologías, pensando en el usuario estándar establecido por la sociedad. Después siempre llegan las adaptaciones, los apoyos, las excepciones y las políticas de integración para quienes no encajan en ese modelo preestablecido.
Un modelo que, por cierto, nunca ha terminado de funcionar. ¿Y si empezamos la casa por los cimientos incluyendo de base a estas personas? Y es que hoy aparece un nuevo aliado capaz de cambiar el punto de partida. Mientras gran parte del debate de las nuevas tecnologías sigue centrado en la productividad, la automatización, la competitividad o el impacto que tendrán sobre el empleo. Ahora, la inteligencia artificial puede alterar esta lógica y emerger como una herramienta de inclusión capaz de responder a la diversidad real de la sociedad, persona a persona, contexto a contexto y necesidad a necesidad.
De la accesibilidad como obligación a la inclusión como diseño
Hasta ahora, la tecnología no siempre ha ayudado a resolver este problema. En ocasiones incluso lo ha amplificado. Formularios imposibles de entender, aplicaciones poco accesibles, procedimientos administrativos complejos o sistemas pensados para usuarios con altos niveles de alfabetización digital.
No es casualidad que Europa haya situado esta cuestión en el centro de su agenda regulatoria. Por ejemplo, la European Accessibility Act busca garantizar que los productos y servicios digitales sean accesibles para todos los ciudadanos, y al mismo tiempo, organismos como las Naciones Unidas, la Comisión Europea o la OCDE están incorporando la inclusión como uno de los principios fundamentales para el desarrollo de la IA, defendiendo que sus beneficios alcancen al conjunto de la sociedad y no únicamente a quienes ya tienen acceso a ella.
Millones de personas, por motivos físicos, sensoriales, cognitivos o idiomáticos, encuentran barreras para acceder a oportunidades educativas, laborales o sociales en igualdad de condiciones. La IA da la oportunidad de personalizar el acceso a contenidos, servicios y experiencias de forma masiva. Es decir, permite que los sistemas se adapten a las personas, y no que sean las personas quienes tengan que adaptarse a los sistemas.
Adaptar el entorno, no a las personas
En el ámbito de la discapacidad, los avances ya son tangibles. Empresas como la suiza biped.ai han desarrollado dispositivos inteligentes capaces de interpretar el entorno, detectar obstáculos y guiar mediante instrucciones de voz a personas con discapacidad visual. Es solo uno de los primeros ejemplos de cómo la IA empieza a convertir la accesibilidad en una capacidad integrada dentro de los propios sistemas y no en una adaptación posterior.
La lógica es similar cuando observamos la integración de las personas migrantes. Históricamente, tanto el idioma como la complejidad de los trámites han funcionado como una de las principales barreras de acceso al empleo, la formación o los servicios públicos. La propia Organización Internacional para las Migraciones señala que las barreras lingüísticas se encuentran entre los principales obstáculos para acceder al mercado laboral y para lograr el reconocimiento de la formación adquirida en el país de origen.
Tramits-Easy es una solución basada en IA capaz de reconocer, traducir e interpretar documentos oficiales para guiar al usuario durante sus trámites administrativos y reducir una de las principales barreras para su integración.
Algo parecido ocurre con la neurodiversidad. Durante décadas hemos diseñado sistemas educativos y profesionales sobre la premisa de que existe una forma relativamente homogénea de aprender, comunicarse o trabajar. Sin embargo, millones de personas con perfiles neuro divergentes, desde autismo hasta TDAH, procesan la información de manera diferente.
La IA permite invertir esa lógica. Por primera vez, resulta técnicamente viable adaptar la forma en que se presenta y organiza la información en función de las necesidades de cada persona. En esta línea, compañías como Microsoft ya están incorporando capacidades de IA en herramientas como Copilot para crear experiencias de trabajo más adaptables a diferentes perfiles cognitivos.
La inclusión empieza en lo cotidiano
Estos son solo algunos ejemplos de un cambio mucho más profundo. La capacidad de la IA para impulsar la inclusión todavía está lejos de estar plenamente explorada, y probablemente muchos de sus usos más transformadores aún ni siquiera los imaginamos.
Lo grandioso es que ya hay equipos especializados, desde perfiles técnicos hasta expertos en accesibilidad, educación, salud, servicios públicos o experiencia de usuario, desarrollando constantemente nuevos casos de uso para reducir barreras y acercar oportunidades a quienes históricamente las han tenido más lejos.
La IA no resolverá por sí sola la exclusión, ni conviene presentarla como una solución mágica. Pero sí puede incorporar capacidad de adaptación allí donde hasta ahora predominaban procesos rígidos. Y, en muchas ocasiones, esa capacidad marcará la diferencia entre acceder a una oportunidad o quedar nuevamente al margen.
