Los ODS, mucho ruido y pocas nueces a cuatro años de 2030, el 85 % de las metas evaluables no está actualmente en trayectoria de cumplimiento
Ya no basta con asociarse a determinados ODS. Hay que poder demostrar qué objetivos se han fijado, qué recursos se destinan y qué resultados se están consiguiendo.
“Contribuir a la Agenda 2030 no es coleccionar ODS”
Once años después de que los Estados miembros de Naciones Unidas aprobaran la Agenda 2030 y sus 17 ODS ¿Qué opciones hay de avanzar hacia un desarrollo sostenible próspero, justo e inclusivo?
Quedan cuatro años pero hay importante distancia entre los compromisos asumidos y los resultados obtenidos.
De las 139 metas para las que existen datos suficientes de tendencia
- 15 % está en trayectoria de cumplimiento
- 21 % presenta un progreso moderado.
- 50 % registra avances marginales o ningún avance
- 15 % ha retrocedido respecto a 2015
Para Rut Ballesteros, experta en sostenibilidad y estrategia ESG, socia fundadora de CAVALA Soluciones Sostenibles y autora de esta recta final obliga a revisar cómo están abordando las compañías su contribución a los ODS.
“A cuatro años de 2030, las empresas tienen que dejar de coleccionar ODS. Poner cinco, diez o diecisiete iconos en una memoria no explica qué está cambiando realmente dentro de una organización. La pregunta es mucho más incómoda: ¿Qué objetivo concreto tenemos, quién es responsable de él, cuánto presupuesto le hemos asignado y qué resultado podemos demostrar?”
La paradoja es especialmente significativa. Según Naciones Unidas, el número de empresas que publica informes de sostenibilidad se ha más que cuadruplicado desde 2015. El desafío ahora está en demostrar que ese crecimiento del reporting evidencia de forma contrastable un impacto verificable.
En España, el conocimiento de la Agenda 2030 está ampliamente extendido. El 90 % trabajaba ya en ámbitos vinculados a los ODS y siete de cada diez disponían de una estrategia o plan de sostenibilidad. Entre estas últimas, el 44 % declaraba tenerlo alineado con los ODS.
Del ODS elegido al resultado obtenido
Ballesteros propone que cualquier organización someta su estrategia de sostenibilidad a cinco preguntas básicas:
- ¿Qué queremos conseguir? Objetivos concretos y vinculados al negocio que, en el contexto a la Agenda 2030 respondan a una de sus 169 metas.
- ¿Quién responde? Responsables identificados y capacidad real de decisión.
- ¿Con qué recursos? Presupuesto, personas y medios.
- ¿Cómo sabremos si funciona? Indicadores, línea de partida y metas.
- ¿Qué hemos conseguido? Resultados económicos, ambientales y sociales verificables.
La sostenibilidad tiene que gestionarse con la misma seriedad con la que se gestionan las finanzas. Nadie aceptaría un presupuesto sin cifras, responsables ni seguimiento. Con los ODS debería ocurrir exactamente lo mismo.
“2030 no debería encontrarnos explicando todo lo que queríamos hacer, sino siendo capaces de demostrar qué hicimos, qué funcionó, qué no y qué impacto hemos generado.
La sostenibilidad es una métrica de éxito del negocio, no un ejercicio de decoración corporativa”
