El calor extremo afecta ¡y mucho! a riesgos físicos como la deshidratación o el golpe de calor pero también a la salud mental
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El calor extremo afecta
- calidad del sueño
- funciones cognitivas como la atención, la memoria o la toma de decisiones
- agrava trastornos de salud mental preexistentes
Estos efectos son especialmente relevantes cuando las temperaturas nocturnas no disminuyen lo suficiente durante varios días consecutivos.
Las noches tropicales dificultan el descanso y la recuperación del organismo, un factor que puede incrementar la vulnerabilidad de personas con antecedentes de ansiedad, depresión, estrés o enfermedades crónicas.
Tras varios días de sueño de peor calidad, es más frecuente experimentar
- irritabilidad
- apatía
- dificultad de concentración
- sensación de desbordamiento ante tareas habituales
En personas con problemas previos de salud mental, enfermedades crónicas o una red de apoyo limitada, el impacto suele ser más intenso.
“El calor extremo actúa como un estresor ambiental. No siempre desencadena por sí solo un problema de salud mental,
pero sí agrava condiciones previas, empeora el sueño y reduce la capacidad de autorregulación emocional.
conviene prestar atención a cambios como una irritabilidad persistente, apatía marcada o ansiedad que se intensifica durante varios días de altas temperaturas”
María Calle Lorente, Sanitas
Efectos sobre cada individuo pero también reto de salud pública
- calidad del aire
- altas temperaturas
- disponibilidad de zonas verdes
- movilidad urbana
El impacto del calor no se limita a sus efectos directos sobre las personas. El cambio climático también está alterando el funcionamiento de los ecosistemas de los que dependen nuestra salud y bienestar.
“La mayor frecuencia de las olas de calor y de los periodos de sequía puede reducir la disponibilidad de agua, concentrar contaminantes y favorecer la proliferación de determinados microorganismos y vectores de enfermedades. Estos cambios afectan a la biodiversidad y al equilibrio de los ecosistemas,
pero también pueden repercutir en la calidad del agua, la seguridad alimentaria y la salud de la población. Desde una perspectiva One Health, proteger la resiliencia de los ecosistemas frente al cambio climático es también una forma de prevenir riesgos para la salud humana”
Jesús Miguel Santamaría, Universidad de Navarra
Zonas verdes protectoras y preventivas.
- Árboles y espacios sombreados reducen la temperatura urbana y mitigan el efecto isla de calor.
- La exposición a entornos naturales se asocia con una reducción del estrés, la ansiedad y la depresión, además de favorecer el bienestar psicológico y las interacciones sociales.
Recomendaciones
- Planificar el día según la temperatura real. Consultar la previsión y reservar las tareas más exigentes para primera hora. Si hay aviso por calor, conviene reducir trayectos y gestiones presenciales en las horas centrales.
- Evitar que la vivienda acumule calor. Bajar persianas o toldos en las fachadas más expuestas, ventilar cuando refresque y limitar el uso de horno u otros aparatos que aumenten la temperatura interior.
- Adaptar la rutina de sueño. Mantener horarios estables, ducharse con agua templada antes de dormir y dejar agua cerca de la cama puede ayudar durante las noches muy cálidas.
- Elegir recorridos con sombra. Priorizar calles arboladas, parques cercanos o trayectos con soportales reduce la exposición directa al sol y hace más seguro el desplazamiento.
- Observar cambios emocionales. Revisar durante varios días si aparecen alteraciones del sueño, irritabilidad, apatía o dificultad para concentrarse ayuda a detectar cuándo el malestar deja de ser puntual.
Influencia del medioambiente urbano en la salud de las personas, Instituto de Biodiversidad y Medioambiente BIOMA, Cátedra Sanitas de Salud y Medioambiente, Universidad de Navarra
