Sin consenso no hay vivienda asequible. ¿Construir más? ¿Controlar el mercado? ¿Afecta la corrupción política al sector inmobiliario?
«Chistorras», «lechugas», «soles» y «folios» era (¿es?) jerga de asesores de gerifaltes del gobierno. Otros insultan a ciudadanos a través de redes sociales, colocan a prostitutas en puestos públicos o hacen consejeros de empresas públicas a matones de discoteca. Por no hablar de comentarios obscenos, tocamientos no consentidos y mensajes insistentes dirigidos a trabajadoras subordinadas… ¿Cómo es posible que con esos líderes se planteen políticas de consenso?
España se encuentra en una disyuntiva. La corrupción impide afrontar retos estructurales cada vez más complejos
- acceso a la vivienda
- transición ecológica
- transformaciones tecnológicas
- aumento de la pobreza
- paro juvenil
Todo en un contexto en el que la corrupción dificulta la aplicación de soluciones de largo plazo.
La polarización política y social impacta en la capacidad de respuesta ante problemas concretos que afectan a la vida cotidiana de la ciudadanía. Pero ¿hablamos de polarización cuando realmente estamos hablando de corrupción?
Es preocupante la calidad del debate público y la crispación política. Las instituciones han sido fagocitadas y la desconfianza es manifiesta.
Sin consenso no hay vivienda asequible
La polarización se traduce en dificultades para implementar políticas públicas en ámbitos clave. En el caso de la vivienda, la falta de consenso limita la capacidad de desarrollar estrategias integrales que combinen planificación urbana, equilibrio territorial y acceso habitacional asequible.
La oferta no crece y la demanda se dispara en las grandes ciudades. Ni se construye, ni se rehabilita ni se ofrece seguridad jurídica a los propietarios para que pongan sus casas en el mercado.
¿Cómo se defienden los corruptos? Utilizando medios afines para generar ruido con el que distorsionar y ocultar la información relevante.
Imagen: Mortadelo, Francisco Ibáñez
