El corazón de un paciente con cáncer puede necesitar vigilancia hasta 20 años después de superar la enfermedad
La Sociedad Española de Medicina Nuclear e Imagen Molecular (SEMNIM) pone el foco en el papel de la medicina nuclear en el seguimiento cardiológico de los pacientes oncológicos.
Superar un cáncer no siempre significa dejar atrás sus consecuencias. La cardiotoxicidad, por ejemplo, es posible que se manifieste una o dos décadas después de haber terminado la quimioterapia. Este daño, aunque tardío, se puede anticipar y vigilar gracias a la medicina nuclear.
«La cardiotoxicidad puede aparecer de forma aguda, en el primer año postratamiento, o de forma tardía, diez o veinte años después, sobre todo en quienes fueron tratados de niños. el seguimiento de estos pacientes no puede limitarse a la fase de tratamiento activo, sino que debe prolongarse mucho más allá de la finalización del tratamiento en los casos de mayor riesgo» Francisco Sebastián Palacid, Grupo de Trabajo de Cardiología de SEMNIM y facultativo del Hospital Clínico Universitario de Valladolid
El papel de la medicina nuclear en ese seguimiento
MUGA (ventriculografía isotópica) es una de las herramientas de referencia que se realiza antes de iniciar la quimioterapia para obtener una imagen basal del miocardio y se repite de forma periódica durante el tratamiento en los pacientes que reciben fármacos con mayor riesgo cardiotóxico. Se trata de una técnica complementaria dentro de un seguimiento que hoy debe ser multimodal, junto con la ecocardiografía, los biomarcadores y, cuando es necesario, la resonancia cardiaca. Su principal ventaja frente a otras pruebas es la reproducibilidad:
«Si la función del corazón baja entre un estudio y otro, sabemos que es un cambio real, no un error de medición» Sebastián Palacid
El grupo de trabajo de Cardiología de SEMNIM señala que la atención se centra especialmente en los pacientes con factores de riesgo añadidos:
- La edad avanzada
- La diabetes
- Una cardiopatía previa
- Quienes acumulan dosis altas de terapias cardiotóxicas
En los casos de dosis elevadas o pacientes jóvenes, el seguimiento debe prolongarse incluso años después de terminado el tratamiento, ya que la cardiotoxicidad puede aparecer de forma tardía.
Los perfiles que más lo necesitan
- Las mujeres con cáncer de mama tratadas con antraciclinas combinadas con trastuzumab
- Los pacientes con linfoma tratados con esquemas que incluyen antraciclinas y radioterapia torácica
- Los niños y adolescentes tratados de leucemias o sarcomas, ya que reciben dosis relativamente altas en un músculo cardíaco todavía en desarrollo, y ese daño puede no manifestarse hasta la edad adulta
«Por eso a estos pacientes se les debería seguir durante décadas, no solo durante el tratamiento» Sebastián Palacid
Un acceso desigual dentro de España
Existe una notable disparidad entre comunidades autónomas en el acceso a las técnicas de medicina nuclear aplicadas en Cardiología. Mientras algunos centros cuentan con equipos modernos y un volumen de estudios elevado, en otros la actividad se ha reducido a algo casi anecdótico, lo que en la práctica obliga a algunos pacientes a desplazarse a otro centro o ciudad.
La medicina nuclear va mucho más allá del diagnóstico oncológico
Más allá del seguimiento de pacientes con cáncer, estas técnicas se usan también para evaluar la viabilidad del músculo cardiaco o estudiar la circulación sanguínea del corazón en pacientes con cardiopatía isquémica, sin ninguna relación con el cáncer.
«Cuando la gente escucha ‘medicina nuclear’ o ‘radiactividad’, automáticamente piensa en oncología, y muy poca gente sabe que llevamos décadas utilizando estas técnicas para diagnosticar, monitorizar y estratificar el riesgo de numerosas enfermedades cardiovasculares con dosis de radiación mínimas y perfectamente controladas»
Foto de Stéf -b.
