La D.O.P. Cariñena: una cultura del vino forjada sobre el suelo pedregoso, el oficio y las nuevas generaciones
Hay territorios que se conocen a través de sus paisajes, a través de sus pueblos, de sus costumbres o de las personas que los habitan. Y en algunos, esas historias terminan encontrándose alrededor de una misma copa. En Cariñena, el vino es una forma de entrar en un territorio que se explica a través de la tierra, el trabajo y las generaciones que han aprendido a vivir de ella.
En el centro de Aragón, a poco más de media hora de Zaragoza, la Denominación de Origen Protegida Cariñena reúne 12.000 hectáreas de viñedo repartidas entre 16 municipios. Un paisaje marcado por
- Los suelos pedregosos
- El cierzo
- La escasez de precipitaciones
- La diferencias de altitud
Aquí, la vid ha convivido con el territorio durante más de dos mil años y ha terminado formando parte de su paisaje, de su economía y de la identidad de sus pueblos. En Cariñena detrás del vino hay una forma de vida. Oficios que se han transmitido de padres a hijos, antiguas maneras de trabajar y conservar las elaboraciones, bodegas que mantienen una memoria colectiva y nuevos proyectos que buscan otras formas de interpretar un patrimonio construido durante generaciones.
Un viñedo marcado por el territorio
Las viñas, situadas entre los 400 y los 900 metros de altitud, crecen en unas condiciones exigentes que han dado lugar a un conocimiento del campo basado en la experiencia y en la capacidad de leer cada parcela.
La garnacha tinta y la cariñena, que da nombre al territorio, son dos de sus principales protagonistas, junto a variedades locales como la Vidadillo o la Juan Ibáñez. Es en las propias viñas donde empieza a entenderse el valor de ese conocimiento:
- La poda
- La vendimia
- El cuidado de cada cepa
- La atención a los cambios de cada año
Todo esto forma parte de un oficio que sigue pasando de unas manos a otras.
Ese trabajo en el viñedo encuentra su expresión en la copa. Los tintos de Cariñena ofrecen distintos perfiles: desde elaboraciones jóvenes, frescas y de marcada expresión frutal hasta vinos con más cuerpo, complejidad y persistencia. La garnacha aporta fruta y frescura, mientras que la cariñena contribuye con estructura y acidez. En las elaboraciones con crianza, los matices de la madera se suman al carácter de la uva, ampliando una diversidad que permite descubrir el territorio a través de vinos y estilos diferentes.
El valor de una tradición vitivinícola
1.500 viticultores y 25 bodegas forman parte de una denominación en la que conviven el cooperativismo, las bodegas familiares y nuevos proyectos de autor. Algunos de los nombres que forman parte de este mapa son:
- Grandes Vinos
- Bodegas San Valero
- Bodegas Care
- Libre y Salvaje
- Bodegas Esteban Martín
- Bodegas Luis Marín
- Bodegas Bodem
- Bodegas Paniza
- Bodegas Ignacio Marín
- Viñedos y Bodegas Pablo
- Hacienda Molleda
- Heredad Ansón
- Familia Navascués
La cooperación, clave pero no es la única manera de triunfar
El cooperativismo resulta especialmente importante para entender la dimensión social y económica de Cariñena. Durante décadas, las cooperativas han permitido a numerosos viticultores trabajar y comercializar conjuntamente sus cosechas, convirtiéndose en una pieza fundamental de la vida de los municipios y manteniendo ese vínculo entre quienes cultivan la viña y quienes elaboran el vino.
Junto a este modelo, en los últimos años han surgido proyectos familiares, pequeñas bodegas y elaboradores que han decidido construir su propio camino. Personas que recuperan parcelas y variedades, ponen el foco en determinadas formas de trabajar o buscan nuevas maneras de interpretar y dar a conocer el patrimonio vitivinícola de Cariñena. Son propuestas que amplían la mirada sobre la denominación y permiten descubrirla también desde historias más personales.
Esta evolución también se refleja en la forma de entender y disfrutar el vino. A través del Plan Ñ, la D.O.P. Cariñena explora nuevas maneras de acercar sus elaboraciones a otros públicos y momentos de consumo. En esta búsqueda se enmarca Garnacha Nueva de Cariñena, una gama de vinos jóvenes, frescos y ligeros, con una menor graduación alcohólica, del 11 %. Son vinos que ofrecen una interpretación más fresca de esta variedad, con la ligereza y la frescura como protagonistas en la copa, y que invitan a descubrir otra manera de disfrutar de la garnacha del territorio.
Detrás de cada elaboración, hay mucho más que una botella y que cada vino lleva consigo una parte de ese paisaje y de la manera de trabajar que lo ha definido durante generaciones.
Foto de Miguel Royo Gasca
