Tribuna

¿Qué podemos esperar de la COP27? Objetivos, claves y retos

Las medidas para aplicar los objetivos existentes y adaptarse al cambio climático serán un tema importante en la agenda de la COP27

Los líderes mundiales se reunirán hasta el 18 de noviembre en la 27ª Conferencia de las Partes de la CMNUCC (COP27) en Egipto, para debatir algunas de las cuestiones más urgentes del cambio climático. La adaptación, la financiación y las pérdidas y daños relacionados con el clima ocupan un lugar destacado en la agenda. No obstante, antes de hablar de las expectativas en torno a la COP27 y de sus probables resultados, queremos dar un paso atrás y analizar lo que se acordó en la COP26 el año pasado junto a los progresos realizados hasta ahora.

COP26 – Principales conclusiones de Glasgow

La COP26 se celebró en Glasgow el pasado mes de noviembre y terminó con el acuerdo de todos los países de mantener el objetivo de París de 1,5°C. Tras dos semanas de intensas negociaciones, hubo un consenso común para acelerar urgentemente la acción climática.

Un hito importante del Pacto Climático de Glasgow fue planificar explícitamente la reducción del uso del carbón, el combustible fósil más intensivo en carbono. El acuerdo para reducir el uso del carbón no tenía precedentes en el proceso climático, ya que nunca antes se había incluido este lenguaje en un texto de las Naciones Unidas (ONU).

Sin embargo, la actual crisis energética está minando este compromiso porque la preocupación por la asequibilidad de la energía y la seguridad energética está favoreciendo la vuelta del carbón a corto plazo. El uso del carbón está lejos de reducirse, ya que este combustible fósil representa una alternativa más barata que el gas, cuyo suministro se está viendo mermado por el conflicto entre Rusia y Ucrania.

Por ello, la Agencia Internacional de la Energía (AIE) estima que la demanda mundial de carbón volverá a alcanzar su máximo histórico en 2022. Esto significa que las emisiones de carbono aún no han alcanzado su punto máximo, lo que contrasta con lo acordado en la COP26 y en cumbres anteriores.

Otro de los principales resultados de la COP26 fue que se pidió a los países que reforzaran sus contribuciones determinadas a nivel nacional (NDC por sus siglas en inglés) para 2030 antes de finales de 2022 con el fin de limitar el calentamiento global a 1,5 °C. Aunque más de 120 partes presentaron NDC nuevas o actualizadas antes de la COP26, estos objetivos eran demasiado débiles. Se calcula que estas promesas climáticas conducirán a un nivel de calentamiento global de 2,4 °C para finales de siglo, lo que sigue estando lejos del objetivo de París.

Aunque el impulso de la acción climática sigue siendo positivo, hasta ahora hemos visto un progreso limitado, ya que menos de 25 países han actualizado sus compromisos climáticos. De estos países, sólo uno, Australia, ha presentado una NDC más sólida, según Climate Action Tracker. Más de 160 países aún tienen que actualizar sus objetivos.

La COP27 será diferente

La COP27 se ha enmarcado como una cumbre para complementar lo ya establecido. Esto significa que las conversaciones de la COP no se centrarán probablemente en nuevas medidas de mitigación para reducir las emisiones, sino más bien en cómo implementar las acciones climáticas para hacer plenamente operativo el Acuerdo de París.

En particular, los debates se centrarán en cómo reducir la brecha entre los objetivos y las acciones tangibles. Se espera que los involucrados destaquen cómo van a poner en práctica el Acuerdo de París en sus economías, mostrando los avances en materia de legislación y políticas. Esto será importante para el sector financiero, ya que la definición de los planes de transición energética por parte de los gobiernos da confianza a los inversores sobre la dirección de la marcha.

Creemos que la COP27 no va a conseguir más acción climática. No se prevé un mayor impulso a la reducción de emisiones, ya que es poco probable que los países se pongan de acuerdo sobre una regulación más estricta para hacer frente a las emisiones de carbono.

Aunque el aumento de los precios del carbono es necesario para incentivar el abandono de los combustibles fósiles y la descarbonización de la economía mundial, no está a favor en un momento en el que la inflación se dispara en todo el mundo y el suministro energético se ve reducido por las tensiones geopolíticas. Las prioridades de los países han cambiado desde la COP26 y el aumento de los precios del carbono no está en consonancia con sus preocupaciones sobre la seguridad energética y la asequibilidad.

Aunque en la agenda de la COP27 figura una mayor ambición, las perspectivas de compromisos más firmes en materia de reducción de emisiones parecen escasas, al menos a corto plazo.

Puntos clave de la agenda de la COP27

Si no es la mitigación y una regulación más severa para reducir las emisiones, ¿qué es lo que probablemente se debatirá?

Esta cumbre es la primera que se celebra en el continente africano, una de las regiones más expuestas a los efectos del calentamiento global y a los fenómenos meteorológicos extremos, pero también una de las menos resistentes al clima del mundo.

La adaptación, es decir, cómo prepararse para los impactos de un clima en constante cambio es una cuestión clave, especialmente para los países en desarrollo. La Presidencia egipcia ha subrayado que la adaptación ocupará un lugar destacado en la agenda, mientras que la reciente sequía en China y las inundaciones en Pakistán, pero también las olas de calor en Europa y en los estados occidentales de Estados Unidos, nos han recordado la urgencia de la adaptación.

Así lo puso de manifiesto el Informe 2022 sobre Impactos Climáticos, Adaptación y Vulnerabilidad del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC por sus siglas en ingés), que constató que los impactos climáticos ya están más extendidos y son más graves de lo previsto.

La forma en que los países vulnerables van a cambiar sus economías para prepararse para un mundo más cálido es un paso importante para garantizar una mayor estabilidad económica. La inversión en proyectos como la actualización de las infraestructuras hídricas y la mejora de la resistencia de la agricultura mejorarán las perspectivas de crecimiento económico de muchas economías.

El IPCC también constata un gran desfase entre los niveles de adaptación actuales y los necesarios, debido principalmente a la falta de apoyo financiero. Calcula que las necesidades de adaptación alcanzarán los 127.000 millones de dólares y los 295.000 millones de dólares anuales sólo para los países en desarrollo en 2030 y 2050, respectivamente.

Movilizar el capital no sólo para reducir las emisiones, sino también para proyectos de adaptación, será otro de los pilares de las negociaciones en la COP27. Pero no será una tarea fácil.

La financiación del clima, de nuevo en la agenda

Las demandas de financiación climática por parte de las economías en desarrollo para ayudarles a hacer frente a un clima cambiante no son nuevas. Las promesas de las naciones más ricas de financiación regular para apoyarles en los esfuerzos de adaptación y mitigación también son antiguas. En 2009, los países desarrollados acordaron movilizar 100.000 millones de dólares de ayuda a las naciones en desarrollo al año para 2020. Más de 10 años después, estas promesas de financiación no se han cumplido.

En la COP26 también se debatieron disposiciones para la financiación del clima, pero no se produjeron grandes avances. Como resultado, los países en desarrollo se han visto cada vez más frustrados por el incumplimiento de estas promesas de financiación verde, y se han manifestado especialmente sobre esta cuestión.

En particular, los líderes africanos han señalado que, aunque el continente es el que menos ha contribuido al cambio climático, siendo responsable de menos del 3% de las emisiones mundiales de dióxido de carbono, está muy expuesto a los impactos del calentamiento global.

Por ello, los países desarrollados también buscan financiación para hacer frente a los costes de las pérdidas y los daños, es decir, los impactos del cambio climático que van más allá de lo que los países pueden adaptar y mitigar.

Entonces, ¿Cuáles serán los principales retos?

Todos los países acordaron abordar las «pérdidas y daños relacionados con los impactos del cambio climático», pero los países desarrollados se han mostrado reacios a discutir este mecanismo, ya que la función de pérdidas y demandas es muy controvertida. Particularmente, los países más ricos se han mostrado preocupados por las demandas de responsabilidad por los daños climáticos causados por sus emisiones.

Hace unas semanas, Dinamarca se convirtió en el primer miembro de la ONU en conceder dinero para compensar las pérdidas y daños climáticos. El Gobierno danés destinó 100 millones de coronas danesas (13,5 millones de euros) para ayudar a las comunidades más vulnerables.

La medida podría presionar a otros países ricos que han contribuido al aumento de las emisiones desde la revolución industrial, como Estados Unidos y Europa, para que empiecen a cumplir sus compromisos de financiación verde y reconozcan su responsabilidad climática.

António Guterres, secretario general de la ONU, destacó en un reciente discurso a los líderes mundiales que un resultado exitoso de la COP27 tiene que incluir un mecanismo de financiación para pérdidas y daños. La creación de un mecanismo de financiación pública no está prevista, ya que la actual crisis energética y el aumento del gasto durante la pandemia de Covid-19 ya han puesto bajo presión las finanzas de los gobiernos.

Sin embargo, los líderes mundiales podrían llegar a un compromiso en torno a la cuestión de la financiación, evitando alimentar una vez más la decepción y la frustración de las naciones en desarrollo. Esto también podría servir de apoyo a la estabilidad geopolítica entre los países pobres y los ricos, al tiempo que mejoraría los resultados de crecimiento de las naciones en desarrollo.

Irene Lauro, economista de Schroders

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