El conflicto iraní pone en jaque una de las reservas de hidrocarburos más codiciadas del planeta: el Cinturón Plegado de Zagros
Sus trampas estructurales albergan el petróleo y el gas confinados durante millones de años bajo potentes sellos de sal. Con la guerra, el acceso a este reservorio, que contiene el 10 % de las reservas probadas globales, se bloquea, forzando al mercado, y especialmente a la China, a obtener crudo de formaciones geológicas de extracción más costosa y menos productiva.
El inicio de la guerra en Medio Oriente ha roto las previsiones para 2026
- disparando el precio del petróleo y el gas natural
- El riesgo de cierre del Estrecho de Ormuz amenaza el suministro del 20 % del crudo y el gas licuado mundial
- Encarece drásticamente los costes de transporte y la factura energética para la industria y los hogares europeos entre otros.
Esta escasez repentina altera la jerarquía petrolera a nivel mundial. Ante la posible parálisis de los «supercampos» del Golfo Pérsico.
«La presión se traslada hacia las lutitas del Pérmico en Estados Unidos, cuya explotación mediante fracturación hidráulica es geológicamente más efímera, ambientalmente cuestionable y costosa que el flujo natural procedente de los anticlinales persas y árabes»
Joan Escuer, Universidad Carlemany
El mundo puede verse obligado a depender de yacimientos de menor calidad y mayor complejidad técnica, lo que establece un suelo de precios estructuralmente más alto debido a la dificultad de extraer cada barril fuera del paraíso geológico de Oriente Medio. Si el conflicto se dilata lo suficiente la crisis global está servida con precios que pueden llegar superar los 130 dólares el barril.
La estabilidad futura dependerá de la evolución del vacío de poder en Teherán
La ausencia de un sucesor claro podría derivar en:
- guerra civil
- auge del terrorismo internacional por parte de facciones radicales
- colapso de infraestructuras críticas en el Golfo
- crisis migratorias y de recursos sin precedentes
España lidera en renovables y cuenta con una cesta energética diversificada, pero a pesar de ello, el contagio de los precios internacionales es inevitable.
Un crudo al alza tensionará de nuevo la inflación, comprometiendo la política de tipos de interés
Por otra parte, la disrupción en los puertos del Golfo obligará a las navieras a rodear África, lo que añade dos semanas a los tiempos de entrega, encareciendo los fletes y generando cuellos de botella en puntos estratégicos como el Estrecho de Gibraltar. A nivel financiero, en tiempos de guerra el capital huye hacia activos refugio como el oro, los bonos estadounidenses o el franco suizo.
«Este endurecimiento de las condiciones financieras podría forzar nuevas subidas de tipos, lastrando la inversión empresarial. Si el conflicto escala, el flujo de petrodólares y el turismo de alto poder adquisitivo hacia Europa podrían evaporarse, y no hay que olvidar que el mercado de Medio Oriente sería difícilmente accesible durante un cierto periodo»
Jan Jonckheere, OBS Business School
Se abren tres posibles escenarios
- optimista: resolución rápida. Irán negocia un cambio de régimen tras semanas de conflicto.
- El suministro de crudo se garantizaría
- Ormuz se liberaría
- Los mercados recuperarían la normalidad de forma gradual.
- pesimista: colapso total. El Estado iraní se desintegra en una guerra civil.
- El conflicto se regionaliza involucrando a los proxies de Irán y a potencias europeas como Francia, Alemania o el Reino Unido
- Quienes ya se han pronunciado en potencialmente ayudar a EEUU en este conflicto.
- El cierre prolongado de Ormuz y la crisis migratoria arrastrarían a la economía global a una recesión profunda.
- realista: transición convulsa. Sucesión desordenada, pero sin colapso total.
- Los efectos negativos persistirían durante meses hasta que el arsenal iraní se agotase.
- Se negociaría un gobierno de transición bajo supervisión internacional (al estilo de modelos de intervención previa).
- El daño económico sería significativo pero contenido en el tiempo.
La economía española se enfrenta a una prueba de estrés geopolítico de primer nivel.
Aunque nuestra resiliencia energética es mayor que en crisis anteriores, la interconexión de los mercados globales hace que sea imposible salir indemnes de un bloqueo en Ormuz. La «línea gris» que separa el éxito de la catástrofe en este conflicto es extremadamente delgada.
Foto de Piotr Arnoldes
