La depresión sigue infravalorada pese a ser causa de discapacidad. La neurociencia personalizada alerta de su complejidad
La depresión continúa siendo una enfermedad infradiagnosticada e infravalorada socialmente, a pesar de su elevada prevalencia y de ser una de las principales causas de discapacidad a nivel mundial.
“La depresión sigue confundiéndose con
debilidad,
falta de voluntad
o simples malas rachas.
Se minimizan síntomas como la anhedonia,
el deterioro cognitivo o la apatía,
que no siempre encajan en la imagen clásica de tristeza.
Además, persiste una infravaloración del riesgo suicida
y del impacto funcional real que la depresión tiene en la vida personal,
familiar
y laboral de quienes la padecen”
Ignacio Basurte, Clínica López Ibor
Nuevas formas de presentación y perfiles cada vez más jóvenes
Desde la práctica clínica diaria, los especialistas del centro observan una depresión cada vez más heterogénea y compleja.
“Muchos pacientes consultan por cansancio persistente, problemas de concentración, irritabilidad o insomnio, más que por tristeza explícita”
Asimismo, se detecta la llegada de perfiles más jóvenes, con altos niveles de exigencia personal y profesional, y una elevada comorbilidad con ansiedad, trastornos del sueño, TDAH en adultos o consumo de sustancias. “En muchos casos, la depresión se presenta como el resultado de un estrés emocional sostenido y de una disrupción prolongada de los ritmos biológicos”, añade.
Trastorno Depresivo Mayor y señales de alarma
El Trastorno Depresivo Mayor se diagnostica cuando, durante al menos dos semanas, se mantiene un estado de ánimo deprimido y/o una pérdida clara de interés o placer, acompañado de síntomas como alteraciones del sueño o del apetito, fatiga, dificultades cognitivas, sentimientos de culpa o ideas de muerte.
“El aislamiento progresivo, el deterioro rápido del funcionamiento diario, el insomnio grave y persistente o la ideación suicida son señales que requieren una valoración profesional inmediata”, subraya el director médico de Clinica López ibor.
Depresión resistente: un gran reto y nuevas estrategias
Uno de los principales desafíos en salud mental es la depresión resistente, definida cuando el paciente no responde adecuadamente a al menos dos tratamientos antidepresivos bien indicados y correctamente administrados.
“Supone uno de los mayores retos actuales porque se asocia a mayor cronificación, peor calidad de vida y un aumento significativo del riesgo suicida. Además, genera frustración tanto en el paciente como en el clínico y obliga a abandonar el enfoque tradicional de ensayo-error para avanzar hacia modelos más precisos y personalizados de tratamiento”
El impacto es profundo y transversal
El paciente experimenta una pérdida progresiva de identidad, de esperanza y de sensación de control sobre su vida. A nivel familiar genera sobrecarga emocional y desgaste relacional, y en el ámbito laboral se traduce en absentismo, bajo rendimiento o incapacidad prolongada.
No todos los pacientes responden a tratamientos convencionales porque la depresión no es una entidad uniforme. Existen diferencias neurobiológicas, genéticas y epigenéticas, comorbilidades no siempre identificadas y variaciones en los circuitos cerebrales implicados.
“Hoy sabemos que la depresión no es solo un desequilibrio químico, sino una disfunción de circuitos cerebrales concretos, especialmente aquellos relacionados con la regulación emocional, la motivación y el control cognitivo”
Este mayor conocimiento ha impulsado el desarrollo de una psiquiatría basada en la neurociencia y en abordajes personalizados.
Estimulación Magnética Transcraneal Profunda (EMTp)
Es una técnica no invasiva que actúa directamente sobre los circuitos cerebrales implicados en la depresión, con una base neurocientífica sólida y una evidencia creciente, especialmente en depresión resistente.
No interfiere con la actividad diaria del paciente y presenta un perfil de seguridad favorable”, señala el director médico.
La EMTp está especialmente indicada en pacientes con depresión resistente, en aquellos que no toleran bien la medicación o presentan respuesta parcial, y en perfiles con marcada anhedonia o enlentecimiento cognitivo. Puede utilizarse de forma complementaria a tratamientos farmacológicos y psicoterapéuticos.
La falta de mejoría no es un fracaso personal, sino una señal clínica que invita a replantear el abordaje. Hoy existen más herramientas, más conocimiento y más alternativas que nunca para tratar la depresión, incluso en sus formas más complejas. Pedir ayuda no significa rendirse, sino dar el paso necesario para acceder a un tratamiento mejor ajustado y recuperar la posibilidad de una vida con mayor bienestar y sentido”.
