Las mujeres no son iguales que los hombres en Afganistán, Yemen, Sudán del Sur, Sudán, Arabia Saudita, Irán, Siria, Pakistán, Somalia…
La autonomía económica es clave para cerrar la brecha
En el todo mundo las mujeres cuentan globalmente con el 64 % de los derechos legales que tienen los hombres. El 60 % del empleo femenino en todo el mundo se desarrolla en la economía informal, sin protección social ni garantías laborales.
Una de cada 3 mujeres ha sufrido violencia física o sexual a lo largo de su vida. Ellas dedican el triple de tiempo que los hombres al trabajo doméstico y de cuidados no remunerado.
La igualdad legal es imprescindible, pero no suficiente si no se traduce en autonomía económica real. La falta de autonomía económica sigue siendo uno de los principales obstáculos para que los derechos se ejerzan plenamente.
“La justicia para las mujeres no solo se escribe en las leyes; se construye cuando una mujer puede generar ingresos estables por sí misma,
y participar en la toma de decisiones que afectan a su hogar o comunidad”
Del derecho formal a la capacidad real de decidir
CODESPA trabajado en 34 países de América Latina, África y Asia apoyando procesos de generación de ingresos y fortalecimiento organizativo. Su enfoque no parte únicamente de la capacitación técnica, sino de un proceso estructurado que combina:
- Formación técnica y empresarial adaptada al contexto local
- Acceso a financiación o activos productivos
- Acompañamiento continuado en terreno
- Trabajo con líderes comunitarios (mujeres y hombres)
- Fortalecimiento de la participación femenina en espacios de decisión
Para lograrlo, incorpora un elemento diferencial: el impulso de organizaciones y asociaciones de mujeres que permiten negociar precios, compartir riesgos y reforzar su posición dentro de la comunidad. El objetivo no es solo aumentar ingresos, sino ampliar la capacidad de decisión de las mujeres sobre su economía, su tiempo y su entorno.
Tres procesos de cambio
- Corredor Seco de Guatemala, María Elisa
fue designada por su comunidad para participar en un proyecto productivo. En las primeras reuniones apenas intervenía.
Durante tres años, participó en formaciones técnicas, en sesiones de gestión y en espacios colectivos donde las mujeres comenzaron a organizarse para comercializar de manera conjunta. Paralelamente, el equipo trabajó con líderes comunitarios para legitimar la presencia femenina en espacios de decisión.
Con ingresos propios y experiencia organizativa, María Elisa pasó a formar parte del comité de desarrollo local. No fue un gesto simbólico: su participación se consolidó al demostrar resultados económicos concretos para su comunidad.
- Pacajes, altiplano boliviano, Lizeth y Estela Tantacalle
Aprendieron a tejer desde niñas de la mano de sus abuelas, madres y vecinas. El conocimiento estaba ahí, transmitido generación tras generación. Lo que no tenían era acceso a mercados, una estructura de precios clara ni canales de comercialización.
A través de un proceso de formación empresarial y acompañamiento, profesionalizaron su producción, diversificaron diseños y aprendieron a comercializar por canales digitales. Hoy su marca genera ingresos estables y ha incorporado a otras mujeres del entorno, reduciendo la migración forzada hacia la ciudad.
El cambio no fue solo económico: disponer de ingresos propios les permitió participar en decisiones familiares y comunitarias con mayor autonomía.
- La Paz, Carolina Abigail Siga
Creció ayudando a su familia en la recolección informal de residuos. Años después, tras completar sus estudios universitarios, participó en un programa de fortalecimiento empresarial impulsado por CODESPA.
El acompañamiento incluyó mentoría, planificación financiera y acceso a redes comerciales. Hoy dirige una empresa de turismo responsable que trabaja con comunidades rurales para preservar su cultura y generar ingresos vinculados a ella.
El salto no fue inmediato ni individual: fue el resultado de un proceso estructurado de formación especializada, acompañamiento técnico y acceso a oportunidades.
La clave: ingresos, pero también poder de decisión
La generación de ingresos se traduce en mayor capacidad de decisión. Cuando una mujer aporta ingresos estables al hogar, participa en asociaciones, accede a información financiera y negocia directamente con proveedores o clientes, aumenta su influencia en decisiones como:
- educación de sus hijos
- inversión productiva
- su propia participación comunitari
La experiencia en terreno muestra que el fortalecimiento económico es uno de los factores que más incide en la reducción de situaciones de dependencia estructural.
Women, Business and the Law 2024, Banco Mundial
