Tribuna

Bonos verdes y de sostenibilidad

Desde principios de 2019 hasta finales de octubre de 2022, las empresas no financieras emitieron 730.000 millones de dólares en bonos verdes y de sostenibilidad

El 6 % corresponde exclusivamente al sector de la energía, y, aunque no parece una cifra relevante, hay una tendencia subyacente a destacar.

Es posible pensar que todos o casi todos los bonos de sostenibilidad en el ámbito energético fueron emitidos por empresas especializadas en energías renovables. Ese fue el caso en los primeros años de este periodo de tiempo.

  • En 2019 y 2020, menos del 10 % de los emisores de bonos etiquetados en el sector de la energía procedían de subsectores no renovables, como refino o petróleo integrado.
  • Sin embargo, en 2021, el 50 % del volumen de emisión en el sector de la energía procedía de subsectores no renovables como las operaciones de carbón, oleoductos y exploración y producción.
  • Esta tendencia se mantuvo en 2022, cuando los bonos verdes y de sostenibilidad no renovables alcanzaron alrededor del 62% del volumen del sector energético.
¿Cómo es posible este incremento de la composición de empresas no renovables del sector durante este periodo de tiempo?

En el periodo previo a la COP26, en otoño de 2021, la exuberancia mundial por la descarbonización se extendió a los mercados de capitales. Una muestra de ello es el aumento de empresas que integraron en sus objetivos un proceso de descarbonización aprobado por la Iniciativa de Objetivos Científicos. Las empresas querían señalar a los mercados que se tomaban en serio la reducción de sus huellas de carbono y, por ello, los emisores necesitaban financiar estos objetivos. De esta manera, se emitieron con facilidad bonos etiquetados en un mercado deseoso de invertir en un cambio positivo. Mineras del carbón, oleoductos y empresas de exploración y producción se subieron a esa ola y vendieron bonos verdes y de sostenibilidad. Por supuesto, el «greenium» observado en la oferta también resultó atractivo.

No tenemos motivos para esperar que esta tendencia no continúe en 2023. Es posible que escuchemos el argumento de que la financiación de la sostenibilidad es un catalizador hacia pastos más verdes en el futuro para un emisor de energía. Sin embargo, a menos que la financiación conduzca a una transición creíble o a una descarbonización material del emisor, tenemos dificultades con la financiación de la sostenibilidad de empresas que, por ejemplo, generan alrededor del 90% de sus ingresos de las operaciones del carbón. Las financiaciones sostenibles en el ámbito de las energías no renovables tienen un gran potencial, pero sugerimos leer la letra grande de la etiqueta.

Mitch Reznick, director de renta fija sostenible de Federated Hermes

Related posts

Los ODS nos han dado una referencia común aceptada por todos

Miguel Royo Gasca

El momento clave para la descarbonización de la movilidad urbana ha llegado (I)

Redaccion

El cambio climático preocupa menos…

Marta Gasca Gómez