Tribuna

Antes que un plan, una conversación

Antes que un plan, una conversación.

Antes que un plan, una conversación. Al gerente de una pyme rara vez le falta voluntad. Lo que casi nunca tiene es alguien con quien pensar en voz alta lo que ya está haciendo

Javier Aguirre Pascual, COVAL Consultores

Hay una conversación que se repite en mi trabajo con pymes, lo mismo si hablo con quien dirige una fábrica de cierto peso, como con quien lleva un comercio, una empresa de servicios o una cooperativa de pueblo.

Pregunto si “hacen sostenibilidad” y, casi siempre, me responden con una media sonrisa: «eso es para las grandes», o «me lo piden, así que lo hago».

Una palabra que llega de fuera

Y lo entiendo. A la mayoría la palabra les llega de fuera, envuelta en una ley o en el cuestionario de un cliente, con plazos y siglas que nadie ha tenido tiempo de aprender. Y cuesta mucho emocionarse con un formulario.

Vengo pensando que no es casualidad. Hemos vivido unos años de mucho relato y mucha norma, y a mi modo de ver algo se ha recalentado por el camino. Quizá toque, con calma, volver a la casilla de salida; escuchar a quienes dirigen y son propietarios de estas empresas, sus sensibilidades, sus miedos, sus dificultades, para entender cómo piensan y qué necesitan de verdad.

Porque basta con cambiar la pregunta para que cambie la conversación. Si en lugar de hablar de sostenibilidad pregunto qué le preocupa de su gente, de sus clientes, de su pueblo o de su barrio, la misma persona que esquivaba el tema se recuesta en la silla y empieza a contarme, con orgullo y con algo de inquietud, lo que de verdad le importa.

Lo que ya buscan, aunque no lo llamen así

En mi experiencia, cuando alguien entiende su empresa como un todo, quiere cosas muy sencillas. Que las mejores personas se queden y se sientan parte de algo. Que los clientes que miran más allá del precio la elijan a ella. Dormir sin el sobresalto de una sanción o de un problema de reputación. Y que su entorno más cercano sepa que está ahí para algo más que para facturar.

Porque facturar, por supuesto que sí. Pero casi todos sienten que hay algo que devolver porque es bueno para todos: un poquito de lo que la sociedad les ha prestado.

Lo que necesitan para avanzar

No necesitan un plan de cuarenta páginas; Necesitan que alguien los escuche con calma y les ayude a traducir lo que les preocupa en uno o dos pasos pequeños, que beneficien a la empresa y, a la vez, a la sociedad donde opera. En una pyme la última palabra suele ser de una sola persona, y decidir solo cansa.

Por eso creo que primero va la conversación y, después, el plan, si hace falta.

A veces pienso que una empresa duradera se parece a un usufructo; Disfrutamos de lo que hemos recibido, el talento de las personas, la confianza de los clientes, el lugar donde trabajamos, con la obligación de conservarlo y, si es posible, de dejarlo mejor de como lo encontramos. Para mí, ser sostenible es eso: generar valor hoy sin hipotecar el de mañana.

Ese pequeño legado me toca de cerca. Si hago bien mi trabajo, llegará un día en que no me necesiten para saber por dónde seguir, y será la mejor señal de que la conversación ha servido.

Así que la próxima vez que hables con un gerente, prueba a no preguntarle por la sostenibilidad. Pregúntale por su gente y por lo que de verdad le importa y necesita.

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