Remuneración variable como alternativa a la deflación salarial

Un visionario es una persona que, por su fantasía exaltada, se figura y cree con facilidad cosas quiméricas. Pero también aquel que se adelanta a su tiempo o tiene visión de futuro. El filósofo canadiense Herbert Marshall McLuhan (1911-1980) encaja a la perfección en esta última acepción. Para McLuhan fue la televisión quien posibilitó detener la guerra de Vietnam. El gobierno norteamericano fue incapaz de seguir financiándola ante la brutalidad de las imágenes que se colaron en el confort de los cuartos de estar de sus ciudadanos. Hipnótica es la secuencia de la mítica películaApocalypse Now (1979) de Francis Ford Coppola (1939) cuando un cámara de televisión está grabando una incursión de un pelotón de anonadados marines. “Actúen con naturalidad, sigan avanzando, no miren a la cámara” les espeta el reportero. La Inversión Socialmente Responsable nació formalmente en esa época con la creación del fondo de inversión Pax Fund que evitaba invertir en empresas relacionadas con la guerra. Ni consumidores, ni inversores ni votantes querían tener nada que ver con una guerra que olía a napalm. “Era una manera que teníamos aquí en Vietnam de soportarnos a nosotros mismos. Masacrábamos a los vietnamitas con nuestras ametralladoras y les poníamos una tirita. Y cuanto más veía aquello, más odiaba las mentiras” reflexionaba Martin Sheen (1940) en su interpretación del Capitán Benjamin L. Willard.

El mundo actual se basa en la imagen. Pero ésta puede ser manipulada o adulterada. El reciente experimento de Jordi Évole (1974) sobre el 23-F hizo sonrojar a más de uno. También es habitual que @Norcoreano, el fake del dictador coreano, Kim Jong-Un (1983), despiste a exaltados e inocentes que se enzarzan en desternillantes discusiones o convezca a cantantes españolas para que actúen en Pyongyang. Más allá de controladores y vigilantes, la confianza emerge entonces como el factor clave para discernir entre lo falso y lo verdadero. Más allá de influencia y notoriedad se trata de discernir entre lo confiable y lo manipulable, lo verdadero y lo falso. La trama del Watchmen de Alan Moore (1953) yDave Gibbons (1949), la obra cumbre del cómic, se sostiene en la paradoja clásica de quién vigila al vigilante. Cada persona debe tener el raciocinio suficiente para discernir y evitar hacer dejación de funciones. En la tumba de McLuhan se puede leer: La verdad nos hará libres (Cita del Evangelio de San Juan 8, 32: Veritas liberabit nos). Es cierto que la información es asimétrica: poco parece que pueden hacer los ciudadanos frente a grandes corporaciones, lobbys y estados todopoderosos. Pero no estamos indefensos. Fueron las personas las que pararon la Guerra de Vietnam. No las grandes corporaciones, los lobbys ni estados todopoderosos.

Juan Royo, director de culturaRSC.com