UE-Mercosur: un acuerdo donde menos del 5 % del comercio impulsa el 90 % de la política. Jan Jonckheere, OBS Business School
Tras 25 años de negociaciones, la Unión Europea y el Mercosur han cerrado en enero de 2026 un acuerdo que puede dar lugar a una de las mayores zonas de libre comercio del mundo, con 700 millones de consumidores potencialmente integrados en un mismo marco regulatorio.
Este pacto llega en un contexto de gran inestabilidad geopolítica en el que la UE busca socios alternativos ante la creciente incertidumbre sobre el papel futuro de Estados Unidos como aliado económico preferente.
La polémica se concentra en la agricultura
Pese a su relevancia estratégica y a su alcance económico, el debate político se ha concentrado sobre todo en la agricultura, y en particular en la carne de vacuno procedente de Sudamérica.
Paradójicamente, este sector sólo representa una pequeña porción del valor total del intercambio previsto, pero se ha convertido en el epicentro de las resistencias internas dentro de la Unión.
Los productores europeos de carne de vacuno temen el aumento de la competencia que puede generar el contingente adicional para el Mercosur, fijado en 99.000 toneladas anuales con un arancel reducido. Sin embargo, esta cifra equivale a:
- 1,5 % de la producción de carne de vacuno de la UE
- 1 % del valor económico total del paquete comercial entre ambos bloques.
El diseño jurídico del acuerdo se articula en dos textos distintos con dos niveles de aprobación
- Acuerdo Comercial Interino ATI/iTA
Concentra todos los elementos estrictamente comerciales: reducción de aranceles, gestión de cuotas, normas de origen, facilitación aduanera, acceso a la contratación pública y cooperación regulatoria en el ámbito de los bienes.
Estas materias son competencia exclusiva de la UE, por lo que el ATI sólo necesita la aprobación del Parlamento Europeo y del Consejo para entrar en vigor y aplicarse de forma provisional en todos los Estados miembros. Esto significa que, incluso si algunos parlamentos nacionales se oponen al conjunto del acuerdo, los beneficios comerciales podrían activarse igualmente para todo el mercado interior.
2. Acuerdo de Asociación UE-Mercosur APEM/EMPA
Tiene un alcance más amplio e incluye cooperación política, compromisos de sostenibilidad, normas sobre inversión y otros elementos de carácter estructural. Al tratarse de un “acuerdo mixto”, requiere la ratificación unánime de todos los Estados miembros, lo que otorga a cada país un poder efectivo de veto sobre el conjunto del instrumento.
En la práctica, un solo Estado, como Francia, Irlanda o Polonia, puede bloquear la ratificación del APEM durante un periodo indefinido. No obstante, ese bloqueo no impide la entrada en vigor del ATI, de modo que la parte comercial del pacto puede avanzar sin que se active la dimensión política y de cooperación más amplia.
Peso económico real del acuerdo
Desde una perspectiva macroeconómica, el acuerdo es especialmente relevante para los sectores industriales europeos. La supresión de aranceles afectará de manera directa a exportaciones de maquinaria, automóviles, productos químicos y farmacéuticos, lo que refuerza la presencia de la UE en mercados emergentes clave del Cono Sur.
Las estimaciones apuntan a que las exportaciones europeas hacia el Mercosur podrían incrementarse un 39 % de aquí a 2040, con un ahorro arancelario anual de 4.000 millones de euros. Para la UE, además, el Mercosur se perfila como un socio estratégico alternativo a China y Estados Unidos en cadenas de suministro y en el acceso a materias primas críticas.
La lógica política frente a la lógica económica
Aun así, la dinámica política sigue dominada por la inquietud de determinados sectores agrícolas, que temen que incluso cuotas relativamente pequeñas provoquen una presión competitiva insostenible. Esta percepción alimenta fuertes tensiones domésticas, sobre todo en países con sectores rurales organizados y políticamente influyentes como Francia e Irlanda.
La consecuencia es un compromiso típicamente europeo:
- los sectores más sensibles desde el punto de vista político, aunque representan solo una porción minoritaria del valor económico del acuerdo, mantienen su capacidad para bloquear la mitad del tratado.
- la otra mitad —la estrictamente comercial— puede seguir avanzando, lo que genera una arquitectura híbrida cuyo impacto político a medio plazo aún es incierto.
En definitiva, el acuerdo UE-Mercosur ilustra cómo una fracción limitada del comercio puede condicionar de manera decisiva el debate público y la arquitectura institucional de la política comercial europea. La controversia está lejos de cerrarse y el desarrollo práctico de este esquema dual determinará si se convierte en un modelo de equilibrio viable o en una nueva fuente de conflicto político permanente.
