José Francisco Mendi, Licenciado en Psicología Clínica y autor de “Rojos en la Red”

RSC Redambiental

José Francisco MendiLa estructura psicológica del individuo le convierte en persona cuando añade a su capacidad de consciencia el componente ético-social. Es decir las normas de comportamiento en grupo y su valoración con respecto al resto de personas y al medio ambiente en el que se desarrolla. Por extensión, la aplicación empresarial de estos conceptos nos lleva al desarrollo de la RSC como una socialización de esa psicoética, (concepto acuñado por el Dr. Franca en 1988) que persigue un mejor rendimiento y aprovechamiento de las personas y los recursos en beneficio de la empresa pero también del entorno. Se trata de una simbiosis común entre empresa, trabajadores y medio ambiente que integra el concepto de salud que define la OMS en un sentido holístico de las personas y su medio.

Si este modelo teórico se viene desarrollando con mayor o menor fortuna en la práctica empresarial no es menor la necesidad de aplicar esta disciplina global al nuevo concepto social y empresarial que se desarrolla a través de las redes sociales que recorren nuestro ciberespacio. De este modo la extensión de esa psicoética de la RSC en la Red es ya una obligación. Las implicaciones legales (“ley Sinde”), sociales y empresariales son hoy el “medio ambiente”, virtual y real al mismo tiempo, en el que nos movemos personal, social y profesionalmente ya sea como emprendedores, distribuidores o receptores de la actividad económica que se genera a través de la Red. Por ello necesitamos entender y comprender que el beneficio en y a través de la Red no consiste en “explotar” ese medio tan potente sino en desenvolvernos allí con criterios social y éticamente responsables. Sólo así obtendremos el máximo provecho de nuestra inversión.

Sin duda estamos ante una tarea compleja de la todavía incipiente RSC. La estrategia multidisciplinar que sugiero desde la psicología del sujeto y la psicología social, la ética y una correcta estrategia de RSC pueden y deben dar sus frutos. Esta sería una buena forma de romper, entre otros, el círculo vicioso del debate sobre la distribución e intercambio de las obras creativas en la Red. Es preciso avanzar del caduco copyrigh a un copyleft socialmente responsable (CSR). Si me permiten la broma sólo hay que alterar el orden de las siglas pero el producto debería ser el mismo.

Lo mismo sucede en la utilización de la Red para el mal uso y abuso de la misma en detrimento de los derechos individuales y colectivos ciudadanos. Cuestión que analicé en el libro “Rojos en la Red” (Ed. 1001 ediciones,2010). Aquí la responsabilidad decae mayoritariamente en los Gobiernos. Sin eludir el comportamiento de algunas empresas con pocos escrúpulos y, por supuesto, de meros delincuentes de todo calado.

Pero ahora detengámonos en quienes más responsabilidad tienen porque se la hemos dado los ciudadanos en las urnas. ¿Qué pasa entonces cuando este enfoque se obvia por parte de lo público? Sencillamente que se deterioran los derechos individuales y colectivos afectando a la propia estructura democrática y participativa de la sociedad. Por acción, recortando derechos y por omisión impidiendo que se pueda desarrollar una democracia plena y participativa. Éste es el germen de la indignación sociológica, que se sustenta en la económica por supuesto, pero que cobra aquí su pleno protagonismo. La indignación social puede explotar en momentos de crisis pero nace en situaciones de estabilidad, e incluso de crecimiento, por el malestar psicosocial de un reparto de recursos poco responsable.

Así una aproximación psicoética de la RSC puede beneficiar a empresarios, trabajadores y al propio medio. Y cuando el medio es la Red la interacción crece exponencialmente para todos los actores implicados. Surgiría aquí un nuevo concepto al que me atrevo a pronosticar un futuro prometedor. Me refiero al término “Redambiental”. Es decir el desarrollo de la RSC en su aplicación no sólo al medio ambiente clásico que nos rodea sino a la Red como medio global.

Partiendo de esa tesis estamos obligados a canalizar el desarrollo de una Red medioambiental socialmente responsable. Y hacerlo con criterios psicosociales y éticos que armonicen el beneficio económico con el individual y el social. De la misma forma que el salario no puede entenderse ya como una mera percepción económica sino como una mayor retribución de derechos una vez equilibrado el mínimo común social. Lo que implicaría la sustitución mecánica del Salario Mínimo Interprofesional por una especie de Soporte Mínimo Universal donde el peso de la percepción de derechos sociales básicos puede ser incluso mayor que la remuneración económica. Este cambio ya empieza a ser revolucionario. Pero ahora se trata de una revolución global y necesaria para afrontar y reajustar un futuro que en su tendencia actual es suicida para todos. No es la revolución de los de abajo contra los de arriba sino de los que son, junto a los que quieren ser y estar. Nuestro adversario no es el compañero de trabajo, el parado, el inmigrante o el empresario. El verdadero rival es la codicia que recorre nuestro sistema y que la ha alimentado de comida/economía basura en todos sus niveles. Por ello necesitamos nuevos desarrollos de la RSC y nuevas aplicaciones Redambientales de la misma. Si no lo hacemos así sólo nos quedará la cirugía y la amputación fuera y dentro de la Red.