¿Flexibilidad? Por favor, no como eufemismo

Un eufemismo es toda manifestación suave o decorosa de ideas cuya recta y franca expresión sería dura o malsonante. La Flexibilidad es uno de esos eufemismos que pueden ser utilizados en el lenguaje económico.

La Reforma Laboral aprobada el pasado 12 de febrero cuenta ya de un periodo de tiempo suficiente para establecer algunas conclusiones sobre su implantación. El Primer Observatorio para su Seguimiento promovido por la Fundación Sagardoy, el Club de Excelencia en Sostenibilidad, ADECCO y Fundación Adecco ofrece algunas pistas.

Un 40% de las empresas usan la movilidad funcional y la modificación sustancial de condiciones de trabajo como herramienta de flexibilidad interna. Un 47%, los despidos. Más de la mitad de las empresas han utilizado estas dos herramientas de adaptación (otro eufemismo) de su fuerza de trabajo. Los empresarios pueden optar por ajustes cuantitativos (suspensiones, reducciones de jornada), o cualitativos (movilidad, modificación de condiciones, descuelgues). Se trata de adaptar las condiciones de trabajo a las circunstancias económicas, técnicas, organizativas y de producción. En relación a los descuelgues (cuando se aparta del convenio aplicable) el ajuste mayoritario ha sido el salarial seguido de la jornada y horario de trabajo.

Sin embargo, no hay que olvidar que flexibilidad debe ser justa. En tiempos duros, como los actuales, se entiende la precarización de las condiciones laborales. También lo son las condiciones empresariales en todas sus facetas: comerciales, financieras o de producción. Sin embargo, fomentar las contrataciones a tiempo parcial así como la reducción de las indemnizaciones por despido, dejan en una posición de debilidad a los trabajadores. Ambas medidas, en exclusiva, no son la solución. Estas medidas deberían ir acompañadas de otras. Por ejemplo: incremento de la retribución variable y/o participación accionarial en la compañía y/o beneficios sociales, y/o jornada continua…

Si los trabajadores son un stakeholder esencial para las empresas no se entiende que se les solicite sacrificios en la tesitura actual y que no se les recompense por los mismos cuando la bonanza regrese a nuestra economía. Si los empresarios no miman a sus trabajadores sus empresas no serán ni responsables ni sostenibles. Y ese contrato debe ser firmado ahora. Empresarios y trabajadores deberán aparcar sus diferencias y desconfianza mutua y realizar un ejercicio de empatía mutua.

El tiempo se agota.

Juan Royo, director de culturaRSC.com