Discapacidad, estigma y empleo

Muchos pensaron que el atleta nortemericano Dick Fosbury estaba loco cuando comenzó a utilizar un método de salto de altura radicalmente distinta a lo que se había hecho hasta la fecha. En 1968 ganó la medalla de oro de los Juegos Olímpicos de Méjico. La lógica de la nueva técnica era aplastante desde la óptima biomecánica: Al dejar menos espacio entre el centro de gravedad del atleta y el listón a superar se gana una altura preciosa en la competición. Sin embargo, nadie lo había hecho así. Hasta la fecha. Hoy en día todos saltan al estilo de Fosbury.

Las personas con discapacidad siguen encontrándose estigmatizadas. Y no solo son ellas las que lo sufren. Toda la sociedad se ve penalizada por la destrucción de valor que supone esa intolerante miopía de aquellos que se erigen en líderes bien remunerados de nuestra sociedad. Las empresas españolas se muestran ciegas ante el potencial de las personas con discapacidad. De hecho el 75% de los directivos de Recursos Humanos no impulsará ninguna iniciativa que fomente la contratación del colectivo en 2014, según la Fundación Adecco. Con argumentos tan sesudos como el desconocimiento de la realidad de las personas con discapacidad, no saber dónde reclutar a trabajadores con discapacidad o cómo abordar este tipo de procesos de selección de personal. Peor es la otra excusa que ponen: No disponer de presupuesto para abordar la contratación. Primero: Todos los trabajadores (discapacitados o no) son una inversión y no un gasto. Segundo: En contra del tópico, este colectivo de trabajadores con discapacidad no es más caro. A los apoyos fiscales existentes se unen valores como el esfuerzo, la constancia o el sacrificio, que se traducen en resultados. En definitiva, son trabajadores muy rentables para cualquier empresa.

También reconocen tener temor a la contratación, por no haber tenido apenas experiencias previas con trabajadores con discapacidad, problemas por falta de accesibilidad en sus instalaciones, la peligrosidad de las tareas o el tamaño de la empresa. Francisco Mesonero alerta: “Precisamente son los prejuicios y los estereotipos sociales los que crean una nebulosa que lastra la plena integración de las personas con discapacidad. Por ello, urge impulsar políticas que incidan en el aspecto cualitativo, incluso por encima del cuantitativo”. Mientras tanto, el número de parados con discapacidad se ha duplicado en el último lustro, alcanzando, la cifra de 131.514 personas a finales de 2012. Y si en agosto de 2012 se registraron 48.878 contratos a personas con discapacidad, en 2013 se contabilizaron 45.1355, un 8,2% menos. Todo sucederá hasta que, como Fosbury, una empresa valiente sea capaz de ver el potencial de las personas con discapacidad y la aplique a su empresa. Y gane la medalla de oro empresarial.

Juan Royo, director culturaRSC.com