Tribuna

Cuando falta el agua, el valor se evapora

Valentin Vigier, responsable de Análisis ASG de LFDE

Cuando falta el agua, el valor se evapora. Este verano nos recuerda que la escasez de agua ya no es un riesgo remoto

Valentin Vigier, LFDE

El verano de 2026 ha sido el más caluroso jamás registrado en Europa y un contundente recordatorio de que la escasez de agua ya no es un riesgo remoto.

Hemos entrado en una «era de bancarrota hídrica mundial» (Informe Global Water Bankruptcy), mientras que la demanda mundial de agua debería aumentar entre el 20 % y el 30 % hasta 2050 bajo los efectos del crecimiento demográfico, la urbanización y la industrialización.

Dado que representa el 70 % de la captación mundial de agua dulce, la agricultura se encuentra en la primera línea. Así, cualquier industria agroalimentaria está expuesta a la disminución de los rendimientos, a la volatilidad de los precios y a la fragilidad del abastecimiento. Aunque las coberturas de los seguros pueden absorber temporalmente el impacto, no pueden anularlo.

La energía también es vulnerable: la falta de agua reduce la producción hidroeléctrica y puede limitar el funcionamiento de las centrales térmicas o nucleares, que dependen de ella para su refrigeración.

En la logística, la caída del nivel de los ríos disminuye la capacidad de carga de las embarcaciones y aumenta los costes. Del canal de Panamá a los grandes corredores fluviales europeos, la falta de agua se convierte en un factor perturbador de las cadenas de valor.

Riesgos subestimados

Pese a que una gran parte de los sectores económicos depende enormemente del agua, los riesgos a largo plazo siguen subestimándose. El precio que pagan las empresas rara vez refleja el valor económico real del agua o el coste de una interrupción de la producción.

La información pública se limita con frecuencia a las captaciones directas de las fábricas, o bien el grueso de la huella se sitúa a menudo en los primeros eslabones de la cadena, en las materias primas, la energía y los proveedores. Para las grandes empresas ganaderas, por ejemplo, esta huella es 132 veces mayor de media que las cifras que se comunican (FAIRR Iniciative).

Por lo tanto, evaluar la dependencia del agua en el conjunto de la cadena de valor es un ejercicio imprescindible para los inversores responsables. Para las empresas, es imperativo medir el coste de la falta de agua, integrar un precio interno, como en el caso del carbono, y acelerar la inversiones en la economía circular.

Reutilización

La reutilización de las aguas residuales tratadas, que se limita al 11 % en todo el mundo (Scaling Water Reuse Initiative) ofrece una respuesta prometedora. En Argelès-sur-Mer, unas instalaciones diseñadas por Veolia pueden reciclar hasta 1,3 millones de metros cúbicos al año para regar 650 hectáreas de tierras agrícolas. Cada metro cúbico reutilizado reduce la presión sobre los acuíferos, protege la actividad económica y limita los conflictos por el uso.

Ante el agravamiento de los riesgos vinculados al agua, la puesta en marcha de planes de adaptación tiene tanto de imperativo de resiliencia económica como de responsabilidad medioambiental.

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