Ay, la estrategia de autonomía energética de la UE y la transición energética se enfrenta a retos de inversión y ejecución
Niall Gallagher, Jupiter Asset Management
“Reducir la dependencia de la energía importada es, por lo tanto, una prioridad estratégica y no solo un imperativo económico.
Desde el punto de vista técnico y económico, esto es posible,
pero no de la noche a la mañana.
Sin un apoyo normativo claro para la inversión anticipada, una tramitación más rápida de los permisos y mejores incentivos, la estrategia energética general se estancará”
El principal cuello de botella es la red eléctrica:
Si Europa se toma en serio la autonomía energética, debe superar las limitaciones ideológicas y aprovechar al máximo los recursos disponibles tanto dentro como en los alrededores del continente.
«La verdadera independencia energética de Europa requiere una fuerte inversión inicial y un enfoque pragmático del gas nacional»
En 2024, la UE obtenía la mayor parte de su energía y el 90 % de su gas de las importaciones
El crecimiento, la inflación y la competitividad de sus industrias de alto consumo energético quedaran expuestos a las perturbaciones de la cadena de suministro y a la presión geopolítica ajena a su control.
Reducir la dependencia de la energía importada es, por lo tanto, una prioridad estratégica y no solo un imperativo económico.
El acceso a una energía barata y abundante es el factor más importante para el crecimiento económico y el desarrollo de cualquier región o país.
En este contexto, el interés por los reactores de tamaño reducido (SMR) viene motivado por la necesidad de garantizar una energía limpia, fiable y de origen nacional, al tiempo que se acelera la descarbonización industrial. Los SMR se consideran una tecnología complementaria a las energías renovables, ya que ofrecen flexibilidad, unos costes de capital iniciales más bajos en comparación con las grandes centrales nucleares y un nivel avanzado de seguridad.
Para alcanzar los objetivos de 2030, el mensaje es claro: no hay transición sin red de transporte.
El principal cuello de botella es la red eléctrica, que abarca el transporte, la distribución, los interconectores y el almacenamiento
La Comisión Europea calcula que se necesitará una inversión masiva de 500 000 millones de euros de aquí a 2030 solo para modernizar las redes eléctricas. Aunque la generación acapara los titulares, las redes son la piedra angular; sin ellas, la nueva energía verde no tiene adónde ir.
Desde el punto de vista técnico y económico, reducir la dependencia de los combustibles importados es posible, pero no de la noche a la mañana. Aunque es factible lograr una reducción significativa de las importaciones de combustible, se trata de un proyecto de inversión a largo plazo, no de una solución rápida.
El éxito depende de una ampliación masiva de las energías renovables, la energía nuclear y la infraestructura de la red eléctrica, junto con una electrificación agresiva.
Aunque la eliminación total de los combustibles rusos es factible, la verdadera independencia requiere una fuerte inversión inicial y un enfoque pragmático de la producción nacional de gas.
A pesar de ello, Europa sigue dependiendo en gran medida de los materiales y servicios nucleares importados, y Rusia ocupa una posición destacada en este ámbito. El mercado del uranio en bruto está diversificado, pero existen vulnerabilidades en lo que respecta al enriquecimiento y al combustible especializado que necesitan los reactores de la era soviética. La dependencia es especialmente notable en el caso de los reactores VVER de diseño ruso, aunque los combustibles alternativos están ganando terreno.
En paralelo, la modernización de las redes eléctricas europeas, cada vez más antiguas, se configura como uno de los retos decisivos.
El 40 % de las redes de distribución tienen más de 40 años, y la capacidad de transmisión transfronteriza debe duplicarse para 2030
La ACER estima que la inversión anual en la red podría tener que aumentar hasta unos 100 000 millones de euros, lo que supera con creces lo que los gobiernos pueden aportar por sí solos. Los operadores de redes y las empresas de servicios públicos tendrán que asumir el esfuerzo, pero sin un apoyo normativo más claro para la inversión anticipada, una tramitación más rápida de los permisos y mejores incentivos, la estrategia energética general se estancará.
Asimismo, las ambiciones en materia de almacenamiento en baterías a gran escala se han adelantado a lo que es viable desde el punto de vista técnico y comercial, y podrían generar una nueva dependencia de China en la cadena de suministro, desplazando las vulnerabilidades actuales a otros ámbitos.
«De cara a las medidas necesarias, se teme que sea necesario que la economía sufra nuevas tensiones antes de que los responsables políticos encuentren un equilibrio más realista entre unos objetivos que, en la práctica, suelen entrar en conflicto»
Si Europa se toma en serio la autonomía energética, debe superar las limitaciones ideológicas y aprovechar al máximo los recursos disponibles tanto dentro como en los alrededores del continente, prestando especial atención al gas del Mar del Norte, el Mediterráneo y el norte de África.
Tanto a nivel de la UE como a nivel nacional, existe una necesidad urgente de acelerar la expansión de las redes, los interconectores y las instalaciones de almacenamiento, y de garantizar que el diseño del sistema favorezca la competitividad industrial en lugar de obstaculizarla.
A nivel nacional, Europa no parte de una posición común
Años de decisiones políticas y de inversión han hecho que países como España y los Estados nórdicos estén mucho mejor preparados que Alemania o el Reino Unido. Cualquier estrategia creíble para la autonomía energética no debe dar por sentado que existe un grado de preparación uniforme en todo el continente.
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