El agua: eje estratégico creciente en la geopolítica global. El agua es uno de los recursos naturales más estratégicos del planeta
Pedro del Pozo, Mutualidad
El control de las fuentes de abastecimiento hídricas ha sido esencial a lo largo de la historia, determinando fronteras entre países y conflictos armados, allá donde ha habido escasez. La importancia del agua como activo clave en la geopolítica no ha hecho sino aumentar, en las últimas décadas, de la mano de una población creciente que necesita este recurso en cantidades cada vez más mayores, para consumo humano, agrícola e industrial.
Se da la circunstancia de que, a su distribución geográfica desigual, se unen los efectos que el cambio climático está provocando sobre los recursos hídricos. Todo ello contribuye a acrecentar la importancia de este bien de cara al futuro, especialmente en un mundo en el que las reglas de juego internacionales parecen haber cambiado de manera drástica.
Ninguna guerra es inevitable
De hecho, compartir ríos o fuentes hídricas puede y debe ser un elemento de cooperación que obligue a los países a negociar tratados de gestión compartida, para garantizar su uso sostenible.
En todo caso, al igual que el petróleo, el agua constituye un punto de fricción muy relevante. No obstante, al contrario que aquél, el agua puede regenerarse, reciclarse o potabilizarse. Se trata de un recurso renovable, aunque no ilimitado.
Ello supone, en todo caso, la necesidad de realizar fuertes inversiones en infraestructuras civiles que, en caso de conflicto, pueden constituir blancos específicos para la acción armada enemiga. Algo similar a lo que estamos viendo recientemente en Ucrania u Oriente Medio, donde las plantas desalinizadoras se han convertido en objetivos, además de las centrales eléctricas, refinerías de petróleo, etc.
Desde de punto de vista militar, el agua es un suministro prioritario, en un nivel equivalente, en términos de prioridad logística, al combustible o las municiones
Muchas batallas, Bailén por ejemplo, se han decidido en buena medida por la falta de acceso al agua de uno de los bandos.
De manera más extensa, en un conflicto armado, el bombardeo de infraestructuras civiles, incluidas las asociadas al agua, es una práctica prohibida por el derecho internacional, impulsada por la ONU y recogida en los Convenios de Ginebra. Lamentablemente, estos límites saltan por los aires, literalmente, cuando quedan sueltos los perros de la guerra. Se trata además de una práctica atroz, que sufre la población civil esencialmente, y que, además, raramente consigue ningún objetivo estratégico, como hemos visto en Gaza o Ucrania, sino tan solo sembrar de muertes inocentes la zona de conflicto.
China y Turquía son ejemplos de países que son capaces de dominar cuencas extensas, lo que tiene una enorme importancia estratégica sobre sus vecinos
- El Tigris y el Éufrates nacen en territorio turco, pero son dos ríos esenciales (siempre lo han sido, desde la antigüedad) que reparten su agua por distintos países de Oriente Medio.
- En cuanto a China, domina toda la meseta del Tíbet, donde nacen el Indo y el Ganges entre otros ríos, que fluyen hacia países tan densamente poblados como la India, Pakistán o Bangladesh.
Es evidente que el control de estas aguas ofrece a Turquía y China un importante elemento de presión geopolítica, por lo que, por la misma razón, supone un factor de inestabilidad estratégica notable.
Este hecho es ya una realidad en muchas zonas del África subsahariana.
El cambio climático, además, tenderá a empujar estos desórdenes a niveles aún mayores. No obstante, es mucho lo que se puede hacer para revertir este escenario catastrofista. La respuesta, evidentemente, pasa por la inversión en infraestructuras hídricas, desde plantas desalinizadoras, a centros de tratamiento de aguas residuales y, por supuesto, canalización hacia centros de población. En ese sentido, es muy probable que la importancia de este tipo de infraestructuras se vea muy incrementada en el futuro.
Es muy difícil determinar si el agua será, desde la óptica financiera, un factor tan esencial a ojos de los mercados como lo fue el petróleo durante el siglo XX
En todo caso, la importancia desde el punto de vista humano es no solo relevante, sino que va en ascenso. No está de más comentar que, dentro de la distribución desigual del agua, a nivel global, suelen ser los países más desarrollados los que menos problemas tienen en su abastecimiento, bien porque disponen de este recurso en cantidades relevantes, o bien porque sus economías les permiten disponer de una infraestructura adecuada para sus necesidades, en este ámbito. Ello da una falsa imagen de la importancia del agua, que se enfrenta a escasez crítica en otras zonas del mundo… menos poderosas económicamente.
Foto de Amine KM
