La procesionaria, puede afectar a la totalidad de los bosques de pinos españoles

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Una de las plagas más perjudiciales para los pinos y también para el ser humano y los animales de compañía

La prevención es clave para combatir el problema y evitar la aparición de la oruga, propensa a expandirse, según afirman los expertos de Anticimex, empresa especialista en control de plagas.

En el otoño con la caída de las hojas y la bajada de las temperaturas, tiene lugar el desarrollo larvario del insecto enemigo de los pinos españoles. La procesionaria del pino es una plaga que se alimenta principalmente de este árbol provocando así su defoliación. Durante la época de desarrollo de esta especie, se produce el momento clave para tratar y prevenir su aparición.

“Las orugas de procesionaria se alimentan de las acículas (hojas de forma de aguja) de los pinos y las larvas nacen a finales de verano. Por esta razón, otoño el mejor momento para tajar el problema y controlar la plaga ya que es cuando las larvas son pequeñas”. Eduard Durany, gerente técnico de Anticimex

La Thaumetopoea pityocampa o procesionaria, nos la podemos encontrar en parques, zonas rurales y bosques de pinares templados, especialmente en el sur de Europa. Este insecto se instala en los árboles formando unos bolsones muy visibles gracias a su color blanco y unas dimensiones de hasta 20 centímetros. A pesar del tamaño de la larva, la procesionaria es la causante de una plaga silenciosa que puede llegar a afectar a gran parte de los bosques españoles, ya que casi la mitad de ellos están constituidos por coníferos, según el informe ‘Los bosques y la biodiversidad frente al cambio climático’ del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente.

Además de las dañinas consecuencias sobre especies vegetales, defoliar y debilitar los árboles, es potencialmente peligrosa para el ser humano, debido a que cada oruga cuenta con unos 500.000 pelos urticantes que se desprenden con gran facilidad y que pueden provocar irritaciones en las vías respiratorias y en los ojos.  Estas reacciones se potencian si se produce un contacto directo con la oruga, provocando urticaria e intoxicaciones en forma de sarpullidos que pueden derivar en conjuntivitis y problemas respiratorios más graves. El riesgo se incrementa en el caso de las mascotas, especialmente de los perros, ya que el contacto de los filamentos tóxicos con la lengua del animal puede provocar una necrosis en los tejidos bucales y, en muchos casos, muerte por asfixia. El método más efectivo consiste en prevenir su aparición Actualmente existen varias tipologías de tratamientos que varían según la fase larvaria del insecto y el lugar.

El Tratamiento Fitosanitario Procesionaria del Pino de Anticimex se aplica una vez al año desde mediados de octubre hasta finales de diciembre. Consiste en introducir una pequeña cantidad de producto insecticida mediante una inyección a baja presión en el tronco del árbol y así, a través de los vasos vasculares, se difundirá al resto de tejidos vivos de éste. Con un solo tratamiento es suficiente para tener controlada la población de procesionaria y, además, prevenir posteriores plagas sobre el árbol. Este procedimiento supone un avance respecto a los tratamientos correctivos convencionales en términos de seguridad, impacto medioambiental, durabilidad y eficacia.

“Este tipo de tratamientos de control deben aplicarse durante el otoño, puesto que las orugas no han crecido suficiente y son más vulnerables. Por lo contrario, en febrero y marzo, las orugas ya se han desarrollado y son más resistentes, y este tratamiento no es efectivo en esta fase”. Eduard Durany.

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