El lado humano de la RSE

Las empresas han querido, quieren y querrán hacer las cosas bien: es el punto de partida para asegurar la supervivencia.
“Bien” significa distintas cosas en distintas circunstancias: a principios del siglo XX, la empresa comenzó a aplicar “control de calidad”; a mediados del siglo XX, “aseguramiento de la calidad”; En el siglo XXI, estamos comenzando a aplicar “Responsabilidad Social Corporativa”… y es de suponer que más adelante tendremos planteamientos más avanzados.
De momento, todos hablamos constantemente de la RSE, RSC, Responsabilidad Social “a secas”… porque es un modelo de gestión que está demostrando su idoneidad para conseguir que las organizaciones hagan las cosas mejor en el entorno económico y social que nos ha tocado vivir.
Existen muchísimas definiciones de RS con las que no te voy a bombardear. Simplemente, resaltar que la RS se puede enfocar desde múltiples ángulos, en función de la presión social del momento, la cultura corporativa, los objetivos estratégicos, la legislación vigente… y el punto de vista de quienes tienen la responsabilidad de gestionar la empresa.
Obviamente, cada persona tiene su propia forma de enfocar el tema, producto de su trayectoria profesional y personal. Como decía José Bergamín, Soy subjetivo, ya que soy sujeto. Si fuese objetivo, entonces sería un objeto.

Desde mi subjetividad, pues, intento plasmar algunas ideas sobre Responsabilidad Social que considero capitales:
El nuevo paradigma de gestión empresarial que está triunfando en el mundo, y que es adoptado por muchas de las empresas más exitosas e innovadoras, genera un escenario organizativo en el que el beneficio empresarial, las personas y los valores individuales y colectivos no solamente son compatibles, sino que son sinérgicos actuando de forma que generan círculos positivos en expansión de forma espiral ascendente;
A menudo, hablan más de nosotros nuestros hechos que nuestras palabras. De nosotros, como personas y como organizaciones;

Esos atributos de marca que transmitimos inconscientemente con nuestras acciones son percibidos por los demás, consciente o inconscientemente, y generan comportamientos de retorno. Éstos – con el tiempo incidiendo en la construcción de las relaciones – llegan a ser poderosos, sostenidos y profundamente arraigados en nuestro ecosistema circundante;

La autenticidad y la coherencia son valores en alza, tanto para las personas como para las organizaciones. Estos valores, aunque la organización los trabaje e incorpore, residen en las personas. Una persona es auténtica y coherente o no, y sus comportamientos repercuten directamente en la vida de la empresa. Por eso me gusta repetir que una empresa es lo que sus empleados son. Por mucho que la empresa se empeñe en implantar actividades relacionadas con la Responsabilidad Social, si los empleados no las aceptan e interiorizan no lo conseguirá.

Por eso es imprescindible plantearse la RS como un modelo de gestión que va de adentro hacia afuera: primero trabajemos con nuestros empleados y después éstos se cuidarán de establecer vínculos eficientes con el resto de los partícipes.
La base es, pues, un buen Ecosistema Interno. Cuando las personas que forman el Ecosistema Interno de una organización se sienten tratadas como personas, la organización alcanza y mantiene el nivel de competitividad sostenible deseado.

Los intereses de una empresa bien gestionada están entonces magníficamente defendidos por parte de sus empleados: cuando reciben atención y respeto se identifican con los valores corporativos y hacen suyos los éxitos alcanzados, consiguiendo una y otra vez colocar a la compañía en niveles óptimos de calidad, compromiso con los clientes, con el medio ambiente y con la sociedad en general. Y todo esto sin descuidar la rentabilidad del proyecto corporativo.

En este sentido, importa resaltar que el compromiso es una vía de dos sentidos: Yo te cuido y tú me cuidas. Es un concepto tan antiguo como la cultura romana y su do ut des – te doy para que me des – y la base de unas relaciones basadas en el respeto mutuo.
Así pues, un cuidadoso diseño del Ecosistema Interno nos facilitará la implantación del modelo de gestión que hemos dado en llamar RSE.
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Edita Olaizola (@EditaOla)
Socia Directora del Ecosistema Interno en People plus Profit