Avanzando hacia la diversidad

El lenguaje en todas sus vertientes (oral, gestual, escrito, etc.) es el principal recurso de socialización entre las personas. A través de él vamos a mostrar cómo somos, transmitiendo nuestras preferencias, gustos, emociones, saberes ideología… Con el lenguaje podemos cambiar, poco a poco, la percepción que tenemos del mundo que nos rodea. Palabras que hace años eran comunes hoy nos llaman la atención, incluso no nos atreveríamos a expresarlas en voz alta al entender que no son adecuadas. Es imprescindible tener en cuenta la evolución lenguaje para acercarnos a la realidad de las personas con diversidad funcional. Ejemplo de este progreso son los términos que se utilizaban para clasificar a estas personas; groso modo:

  • Retrasado
  • Idiota
  • Tarado
  • Deficiente
  • Discapacitado
  • Minusválido
  • Mongolo
  • Subnormal

Hasta llegar a las que utilizamos actualmente como:

  • Persona con discapacidad, teniendo presente que la discapacidad solamente es una parte de la persona y no todas sus facetas.
  • Diversidad funcional.

Vista la relevancia que tiene el lenguaje debemos plantearnos qué entendemos por el concepto de discapacidad para comprender la diversidad funcional, para ello tomaremos la definición que hace la Organización Mundial de la Salud OMS: la Discapacidad es un término general que abarca:

  • Las deficiencias
  • Las limitaciones de la actividad
  • Las restricciones de la participación.

La discapacidad es, entonces, un fenómeno complejo que refleja una interacción entre las características del organismo humano y las características de la sociedad en la que vive.

Siendo las Deficiencias, problemas que afectan a una estructura o función corporal, tenemos que realizar un examen de conciencia: ¿Quién, de forma temporal o incluso permanentemente, no se ha sentido dentro de esta descripción por no poder ver correctamente sin utilizar unas gafas? ¿Quién no ha padecido enfermedades del oído que restringen la audición o lesiones incapacitantes como romperse algún hueso, articulación, tendones..?

Aunque cualquiera podemos encontrarnos en esta situación, la imagen que tenemos asociada a la discapacidad continúa siendo la de una persona totalmente dependiente e imposibilitada, que no aportaría a la sociedad nada.

Pasemos a las limitaciones de la actividad, definidas como dificultades para ejecutar acciones o tareas.  Al igual que en el caso anterior, todos podemos vernos incapacitados ante determinadas situaciones, que dificulta el poder llevar a cabo con éxito -ni siquiera con una solvencia adecuada- una tarea o acción. Padecer claustrofobia o vértigo son situaciones comunes que nos dificultan multitud de tareas.

La percepción que tenemos de esta limitación cuando pensamos en discapacidad es no poder desplazarse por sí mismos, no tener capacidad suficiente para resolver problemas cotidianos o no poder vivir de forma autónoma…

Por último, las restricciones de la participación: problemas para participar en situaciones vitales. Muchas personas se siente incapaces de hablar en público, tienen pánico o miedo escénico que les provocan síntomas fisiológicos que desembocan en episodios de estrés y ansiedad. Es un ejemplo del impedimento que sufren algunas personas y que no consideraríamos que tuvieran una diversidad funcional.

Como las anteriores, lo ligaríamos a una persona que no puede comunicarse, estar compartiendo actividades con los demás de forma activa o incapaz de ser independiente.

Pero las realidades que podemos encontrar en las personas con diversidad funcional son muy distintas a esas preconcebidas, solamente hay que echar un vistazo a nuestro alrededor y encontrarnos con una gran lista de personas destacadas en muy diferentes campos…

Marta Gasca Gómez